jueves, 13 de septiembre de 2012

A punto de ser isla

Aunque estoy a punto de renacer,
no lo proclamaré a los cuatro vientos
ni me sentiré un elegido:
sólo me tocó en suerte,
y lo acepto porque no está en mi mano
negarme, y sería por otra parte una descortesía
que un hombre distinguido jamás haría.
Se me ha anunciado que mañana,
a las siete y seis minutos de la tarde,
me convertiré en una isla,
isla como suelen ser las islas.
Mis piernas se irán haciendo tierra y mar,
y poco a poco, igual que un andante chopiniano,
empezarán a salirme árboles en los brazos,
rosas en los ojos y arena en el pecho.
En la boca las palabras morirán
para que el viento a su deseo pueda ulular.
Después, tendido como suelen hacer las islas,
miraré fijamente al horizonte,
veré salir el sol, la luna,
y lejos ya de la inquietud,
diré muy bajito:
¿así que era verdad? 
Foto: Magnus Manske (Wikipedia)


(Pequeña maravilla de Piñeira, un poeta cubano al que aplicaron más mordaza de la conveniente, quizá por su sexualidad abierta, quizá porque no callaba ninguna de las cosas del-otro-lado-de-las-cosas. Buscando, encontré esta Isla conveniente. Sigo nadando...)
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