miércoles, 19 de septiembre de 2012

Cuando llueve en domingo

Cuando llueve en domingo y tú estás solo,
completamente solo,
abierto a todo, pero no llega ni el ladrón
y no llama a la puerta ni el borracho ni el enemigo;
cuando llueve en domingo mientras tú estás abandonado
y no comprendes cómo vivir sin cuerpo
y cómo no vivir puesto que tienes cuerpo;
cuando llueve en domingo y, solo, no eres más que tú,
¡no esperes ni hablar contigo mismo!
Entonces el ángel es el único que sabe
lo que hay encima de él,
entonces el diablo es el único que sabe
lo que hay debajo de él.

El libro sostenido, el poema al caer...


(Termina con un directo a la mandíbula. Vladimir Holan condensa en esta letanía la soledad inconcebible, y no queda nada amargo, sin embargo. El cuerpo aprecia este poema como una llamada al relámpago, como una señal de espera sin necesidad de vértigo. Sigo lloviendo...)
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