miércoles, 3 de octubre de 2012

Cerré mi puerta al mundo

Cerré mi puerta al mundo;
se me perdió la carne por el sueño...
Me quedé, interno, mágico, invisible,
desnudo como un ciego.

Lleno hasta el mismo borde de los ojos,
me iluminé por dentro.

Trémulo, transparente,
me quedé sobre el viento,
igual que un vaso limpio
de agua pura,
como un ángel de vidrio
en un espejo.
(No frecuento a Emilio Prados, lo admito, aunque a veces trasteando me salta alguno de sus versos como una bofetada dulce, y lo leo de otro modo, y comprendo los movimientos que me propone. Sigo extranjero...)
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