miércoles, 17 de octubre de 2012

Dejé de transmitir sus señales e interpreté las mías

Cuando las gaviotas se lo coman todo
y en los esqueletos de los barcos proliferen
los insectos,
seguirás preguntándote qué hice contigo
después de recordarte.

Porque después del recuerdo vienen otras cosas
que no conociste,
que tampoco conocí porque desaparecían
al ritmo ligero de lo no deseado.
Pequeñas rozaduras que envejecían el instinto
de retenerte
y que no hacían daño, como ahora las gaviotas.

Todavía no, pero las veo gordas
sobre sus patas tiesas de aferrarse a los ahogados
y comerles los ojos
sin movimiento.
Foto: Dick Daniels

Porque no opone resistencia la carroña
engordarán tranquilas.

Pero todavía no,
aunque las vea.

(De Los hábitos del artillero, 1990; Luisa Castro me era desconocida, y ha llegado a mí con su dulce descripción de lo putrefacto. En los ojos comidos veo la verdad de algo que aún no sé... Sigo curtido...)
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