martes, 23 de octubre de 2012

Estoy desamparado, interiormente destruido...

Estoy desamparado, interiormente destruido,
como si sólo azufre hubieran en mi pecho
encontrado mis dedos,
como si sólo úlceras, desnudez y vacío.
Una orfandad sin límite me descubre y denuncia.

¿Quién me arrebató mis cicatrices?
Estrechar tu cintura es descubrirme.
Quiero encontrar un cuerpo donde refugiarme,
un cuerpo, ¿el del anís, el tuyo, amor,
el de la lucha? , que sea el mío.
Pero ¿en dónde protegerme
si llegan de todos sitios
noticias del desastre y adentro
de mí mismo las nutrias
devoran ruiseñores? Sólo veo
el tentáculo carnívoro de las anémonas,
los huracanes
y el enmohecido epílogo del mundo.
Ya sólo queda en mí
esta anatomía de garabato,
de sacudido en todas manos guiñapo
y caigo en el dolor, su ala me arrebata.

Ya no me reconozco.
En el aire camino como en una
inmensa piel de luces y topacios.
Nada peleo, pero desciendo
al nauseabundo
pozo en donde están la escoria,
la muerte de mi amigo,
la herida que no me cicatriza,
la vida de tragedia
que somos y seremos.

Destruyamos. Que nuestros sucesores,
a su vez, destruyan. Que nos recuerden
por ser brujos de violencia;
porque yo, a golpes de continuada gracia
me construyo: mujer, revolución,
la vida, el mundo.

(De A la intemperie, 1970; sí, Jaime Labastida pega un directo a la mandíbula, y parecería todo ceniza mojada y charcos enmohecidos, pero huele a ozono..., huele a mañana sin sol, a estrellas rezagadas, a bisagra llena de posibilidades. Sigo desperezándome...)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...