lunes, 1 de octubre de 2012

Estudio con algo de tedio

Clov: -Llora.
Hammn: -Luego vive.

(Diálogo de Fin de Partida, de Beckett)

Tengo quince años y lloro por las noches.
Yo sé que ello no es en manera alguna, peculiar,
y que antes bien hay otras cosas en el mundo
más apropiadas para decíroslas cantando.
Sin embargo hoy he bebido vino por primera vez
y me he quedado desnudo en mis habitaciones para salvar la tarde
hecha minúsculos pedazos
por el reloj.
Pensar a solas duele. No hay nadie a quien golpear. No hay nadie
a quien dejar piadosamente perdonado.
Está uno y su cara.
Uno y su cara de santón farsante.
Surge la cicatriz que nadie ha visto nunca,
el gesto que escondemos todo el día,
el perfil insepulto que nos hará llorar y hundirnos
el día en que lo sepan todo las buenas gentes
y nos retiren el amor y el saludo hasta los pájaros.
Tengo quince años de cansarme
y lloro por las noches para fingir que vivo.
En ocasiones, cansado de las lágrimas,
hasta sueño que vivo.
Puede ser que vosotros no entendáis lo que son estas cosas.
Os habla, más que yo, mi primer vino
mientras la piel que sufro bebe sombra.

(En Una ventana en el rostro, 1962, vuelvo pronto a Roque Dalton porque es inevitable, por su fuerza, porque de algún modo esos quince años, de algún modo estos quince años, vuelvo porque es brújula, es fruta congelada, amigazo bebido. Sigo nocturno...)
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