miércoles, 10 de octubre de 2012

La cuarta noche

Oye, qué acordeones falsos.
La lucidez, el muro blanco,

(la voz gangosa del disco)
rayado, un leopardo arisco
preso entre los hilos rojos.
(las agujas de sus ojos

me miran). La hoja en blanco,
la mano que escribe, temblando

(La cara vanguardista de Severo Sarduy es un oleaje adecuado a esta pared. Calva fabulosa brillando en un cuarto de su isla, tecleando cocoteros y norays. Sigo sonando...)
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