martes, 9 de octubre de 2012

Nadie está solo

En este mismo instante
hay un hombre que sufre,
un hombre torturado
tan sólo por amar
la libertad. Ignoro
dónde vive, qué lengua
habla, de qué color
tiene la piel, cómo
se llama, pero
en este mismo instante,
cuando tus ojos leen
mi pequeño poema,
ese hombre existe, grita,
se puede oír su llanto
de animal acosado,
mientras muerde sus labios
para no denunciar
a los amigos. ¿Oyes?
Un hombre solo
grita maniatado, existe
en algún sitio. ¿He dicho solo?
¿No sientes, como yo,
el dolor de su cuerpo
repetido en el tuyo?
¿No te mana la sangre
bajo los golpes ciegos?
Nadie está solo. Ahora,
en este mismo instante,
también a ti y a mí
nos tienen maniatados.


(Más por el apego que por la mordaza, más por la filiación que por el desastre, me gusta la declaración solidaria de Goytisolo: una gota insistente en el cráneo, un líquido febril llenándolo todo. Procuro huir de los principios evidentes en la poesía, aunque esta voz... No hay danza salvaje, sí hay caza. Sigo trabado...)
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