jueves, 4 de octubre de 2012

No, Robinson

En tu isla Robinson verde recamado con la pelambre del desvarío
Los helechos descomunales
Las estrellas con el loro virgen y la cabra atravesada por el rayo
¡aquellas fiebres!
La cueva con la barrica tiránica bajo la lluvia en las sentinas inmensas
Contra la empalizada de la noche
El océano hasta la cintura
Y la sombra de tu mano sobre tu mirada desgarradora
Posada en la alcoba escarlata de tu infancia
Con los pilones hundidos del otro lado de la tierra

No cedas ahora viejo perro
No regreses con tu manzana hirviente arrastrando
Tus plumas de oscuro pájaro evadido
Y ese olor a raíces y setas en la luz del cuchillo
Confabulado con los secretos de la luna
tu calabaza de anfitrión abandonada a la saliva marina
tus visiones
tu hosco esplendor entre las valvas ciclánicas
las matemáticas del horizonte hasta el infinito
sin más guitarra que la fogata del naufragio encendida no importa dónde
entre los arrecifes y las lentas piedras del crepúsculo
que crujen de modo tan triste
bajo tantas aguas



Más abandonado que un dios
Más salvaje que un niño
Más resistente que las montañas contra ese cielo que disputa
Tus alimentos legendarios
¡ah Robinson sin auxilio ni terror ni remordimiento!
La huella de tu alma en la soledad hasta el portal de tu casa
En York mientras tu pisada de yodo ignora todas las reliquias
A la medianoche convertido en pesadilla
Tocado hasta la médula por la gracia del abismo
Vociferando contra tu padre inexistente entre los mástiles
arrastrados por la resaca!

La ciudad fangosa bebe en el alba la leche muerta
De los corazones allá lejos bajo el oro de sus ropas
Pero no vuelvas la cabeza
Ahora que el carruaje de los esporos y los saurios pasa con tanta tibieza
Como una caricia
Sobre tu isla rechinante
En la pureza de tu exilio
¿y a qué tu grito
tu mano abierta en la que cae la lluvia?
¿a qué tu negra Biblia contra la Biblia de vello de tu pecho,
esa plegaria a nada
a todo,
¡Robinson sin propiedad y sin altar dueño del mundo!


(Enrique Molina aparece con marcas de pintura en el rostro y quiere arrancarme la cabellera. Qué alegría de sumisión, qué paliza deliciosa, viejo. Sigo ululando...)
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