martes, 13 de noviembre de 2012

Caballos sin luna a medianoche

Nuestro corazón vaga perdido en los oscuros bosques.
Nuestro sueño batalla en el castillo de la duda.
Pero hay música en nosotros. La esperanza es derribada
pero el ángel vuela de nuevo llevándonos con ella.
Las mañanas de verano comienzan pulgada a pulgada
mientras dormimos, y caminan con nosotros después
como una belleza de piernas largas a través
de sucias calles. No es sorpresa
que el peligro y el sufrimiento nos rodeen.
Lo que asombra es el canto.
Sabemos que los caballos están ahí en el oscuro
prado porque los podemos oler,
podemos escucharlos respirar.

Nuestro espíritu persiste como un hombre luchando
a través del valle congelado
que de repente huele flores
y comprende que la nieve se está derritiendo
fuera de su vista en la cumbre de la montaña
y sabe que la primavera ha comenzado.

(De Refusing Heaven, 2005; traducción de Juan Carlos Villavicencio; gracias al incansable alma mater de Descontexto, gracias a Jack Gilbert por este regalo de savia y de oleaje. Sigo llegando...)
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