miércoles, 14 de noviembre de 2012

El cuidador de rebaños

Me voy para dentro y cierro la ventana.
Traen un candelabro y dan las buenas noches.
Y mi voz contenta da las buenas noches.
Ojalá mi vida siempre sea esto:
El día lleno de sol o suave de lluvia,
O tempestuoso como si acabase el Mundo,
La tarde suave y las cuadrillas que pasan
Observadas con interés desde la ventana,
La última mirada amiga entregada al sosiego de los árboles,
Y después, cerrada la ventana, el candelabro encendido,
Sin leer nada, ni pensar en nada, ni dormir,
Sentir la vida correr por mí como un río por su lecho,
Y allá afuera un gran silencio como de un dios que duerme.



Meto-me para dentro, e fecho a janela./ Trazem o candeeiro e dão as boas noites,/ E a minha voz contente dá as boas noites./ Oxalá a minha vida seja sempre isto:/ O dia cheio de sol, ou suave de chuva,/ Ou tempestuoso como se acabasse o Mundo,/ A tarde suave e os ranchos que passam/ Fitados com interesse da janela,/ O último olhar amigo dado ao sossego das árvores,/ E depois, fechada a janela, o candeeiro aceso,/ Sem ler nada, nem pensar em nada, nem dormir,/ Sentir a vida correr por mim como um rio por seu leito,/ E lá fora um grande silêncio como um deus que dorme.

(10 de mayo, 1914; traducción de Juan Carlos Villavicencio; un ojo que se detiene en lo íntimo, Alberto Caeiro fuma su paisaje cálido y sencillamente existe. Sigo en pie...)
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