martes, 13 de noviembre de 2012

En un oscuro tiempo

En un oscuro tiempo, el ojo empieza a ver,
Me reúno con mi sombra en la cada vez más profunda sombra;
Oigo mi eco en el eco del bosque–
Un Señor de la naturaleza llorando junto a un árbol.
Vivo entre la garza y el reyezuelo,
Bestias de la colina y serpientes de la madriguera.

¿Qué es la locura sino la nobleza del alma
En contradicción con las circunstancias? ¡El día está en llamas!
Conozco la pureza de la desesperación pura,
Mi sombra colgada en un transpirado muro.
Ese lugar entre las rocas –¿es una cueva,
O un sinuoso camino? El borde es lo que tengo.

¡Una constante tormenta de correspondencias!
¡Una noche fluyendo con pájaros, una rasgada luna,
Y en el extenso día retorna la medianoche!
Un hombre llega lejos para enterarse de lo que él es-
Muerte de sí mismo en una larga noche sin lágrimas,
Todas las formas naturales resplandeciendo una luz artificial.



Oscura, oscura mi luz, y más oscuro mi deseo.
Mi alma, como alguna mosca de verano enloquecida por el calor,
Se mantiene zumbando en el umbral. ¿Cuál yo es yo?
Un hombre caído, escalo por sobre mi miedo.
La mente entra en sí misma, y Dios la mente,
Y uno es Uno, libre en el viento que se desgarra.

(De The far field, 1964; traducción de Juan Carlos Villavicencio; Theodore Roethke aparece en la sombra, pájaro regordete de pico triste. Theodore acepta frutas caídas, migas, restos de ensalada. Theodore se eleva luego tranquilo hasta su nido secreto, como si jamás hubiese roto las olas en su viaje al Sur. Sigo migrando...)
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