martes, 4 de diciembre de 2012

Náufrago sentado frente al mar

Alguien lanza el oscuro mandamiento
la muerte es el mejor de los anuncios
cualquiera es el profeta.
Yo aquí me siento a ver el mar cuando anochece
a ver las horas regresar a su tumulto.
Los buques se deshacen al final de la línea
sin ver mi vela blanca ni mi hoguera.
Los marineros señalan desde el puente y ríen.
Un náufrago es un hombre en una piedra
un hombre con su piedra y con su oscuridad
un hombre solo.
Otro lanza el oscuro mandamiento
y soy un pedazo de tela desgarrada
un profeta sentado en esta roca
sin que nadie me escuche.

(Es la verdad de Odette Alonso, pero que nadie dude de las caracolas o las hogueras precarias, que nadie se olvide de las tempestades oceánicas, de los hallazgos bajo la arena, de los graznidos en la maleza, de los mensajes cincelados en la roca. Sigo salitre...)
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