jueves, 13 de diciembre de 2012

Nocturno luminoso


Music I beard with you was more than music, 

                                      and bread I broke with you was more than bread.
                                                                                                                 Conrad Aiken 

Como un mapa pintado de violento amarillo sobre una pared gris,
como una mariposa aparecida de súbito en medio de los niños en el aula,
inesperadamente así, cuando es más noche la noche de los ciegos extraviados
                                                                                                             en el laberinto,
puede aparecer de pronto una figura humana que sea como un cirio
                                                                                                             dulcemente encendido,
como el sol personal, o como el recuerdo de que hay también estrellas
                                                                                                             y hermosura,
y algo bello cantando todavía entre las viejas venas de la tierra.
Como un mapa o como una mariposa que se queda adherida en un espejo,
la dulce piel invade e ilumina las praderas oscuras del corazón;
inesperadamente así, como la centella o el árbol florecido,
esa piel luminosa es de pronto el adorno más bello de una vida,
es la respuesta pedida largamente a la impenetrable noche:
una llama de oro, un resplandor que vence a todo abismo,
un misterioso acompañamiento que impide la tristeza.

Fuente: Wikipedia


Como un mapa o como una mariposa así de simple es amar.
¡Adiós a las sombras, a los días ahogados de hastío, al girovagar la Nada!
Amar es ver en otra persona el cirio encendido, el sol manuable y personal
que nos toma de la mano como a un ciego perdido entre lo oscuro,
y va iluminándonos por el largo y tormentoso túnel de los días,
cada vez más radiante,
hasta que no vemos nada de lo tenebroso antiguo,
y todo es una música asentada, y un deleite callado,
excepcionalmente feliz y doloroso a un tiempo,
tan niño enajenado que no se atreve a abrir los ojos, ni a pronunciar una palabra,
por miedo a que la luz desaparezca, y ruede a tierra el cirio,
y todo vuelva a ser noche en derredor
la noche interminable de los ciegos.


(Parece que Gastón Baquero sigue deambulando por algunos rincones del laberinto, como una vela antigua, señalando con su dedo el vuelo de la mariposa cósmica, escribiendo con vaho en los espejos toda su visión de luces inesperadas. Sigo radares...)
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