lunes, 14 de enero de 2013

Algunos poetas muertos nos plagian

Algunos poetas muertos nos plagian.

Su negro abrazo nos ciñe.

Afincan, abren las fauces.

Recobran el don que perdieron.

Mis minutisas poseen.

Poseen mis saetas el calicó y la gualdrapa.

Se apropian de mi padre el sastre.

Marcan con jaboncillo (rojo) la casa del judío.

A mi madre bordando junto a un brocal usurpan.

De su útero extirpan mi voz la destejen.

Sus letras negras exudo la carcoma de sus palabras.

De sus plagios, yo. De su continuidad, mi muerte.

La tumba del poeta


Ante la puerta de bronce con el guardián de caftán.

Sombrero de castor (rapada, cabeza) otra puerta de bronce.

Entre paréntesis me plagian los poetas muertos.

Entre paréntesis revuelven mis estertores.

De mis cenizas, resplandecen.

Sus negros versos (témpanos, de carbón).

Escoria este baile de máscaras los cubos de mis ideogramas (desbordados).

(Algunos muertos nos hielan como a Kozer en su Ánima, con sus lenguas metálicas, con sus ojos de pez, remueven sus tumbas y nos llaman, pero alguna noche..., una puerta abandonada, una noche de chimeneas, una estrella que cae larga y abre mañana el camino... Sigo en la vera...)
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