martes, 15 de enero de 2013

Campanas

La ciudad nos envuelve largamente, como una noche dolorosa.
A nuestro lado ruedan los camiones
como brujas agónicas.
Una campana se queja a lo lejos desesperadamente.
Algún campanero irascible le estará golpeando el corazón.
Caminemos.
Olvídate del mundo.
Piensa solamente en lo que llevas piel adentro
y sabrás qué dulce y qué sabroso es, de pronto, vivir.



(Una pildorilla de Jorge Debravo, que desde el campanario nos invita a la fiereza: un prospecto algo obvio que solemos olvidar colgado en la pared. Sigo incienso...)
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