lunes, 25 de febrero de 2013

La foto salió movida

Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo está algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para qué. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.
Foto: Philippe Halsman

(... y solamente desempolvó los cronopios porque aquellos días había encontrado ciertos desafíos imprevistos, y recordó esta letanía de hermoso rigor desordenante, y así -era hora- comprendió la voz, aunque esperaba estrella, y aceptó los neumáticos ocupando el lugar de las flores, y esperó pacientemente a que la sal cediese el asiento a Noruega y las manos volvieran donde ahora flotaban los barcos, y aunque quedaba extraño ese sol en el Norte, lo vio brillar mejor: más ligero, más sulfúrico, redondísimo pájaro. Entonces, siguió telescopios...)
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