miércoles, 20 de febrero de 2013

Tendida y desgarrada

Tendida y desgarrada,
a la derecha de mis venas, muda;
en mortales orillas infinita,
inmóvil y serpiente.

Toco tu delirante superficie,
los poros silenciosos, jadeantes,
la circular carrera de tu sangre,
su reiterado golpe, verde y tibio.

Primero es un aliento amanecido,
una oscura presencia de latidos
que recorren tu piel, toda de labios,
resplandeciente tacto de caricias.

El arco de las cejas se hace ojera.
Ay, sed, desgarradora,
horror de heridos ojos
donde mi origen y mi muerte veo,
graves ojos de náufraga
citándome a la espuma,
a la blanca región de los desmayos
en un voraz vacío
que nos hunde en nosotros.

Foto: Thomas Tolkien


Arrojados a blancas espirales
rozamos nuestro origen,
el vegetal nos llama,
la piedra nos recuerda
y la raíz sedienta
del árbol que creció de nuestro polvo.

Adivino tu rostro entre estas sombras,
el terrible sollozo de tu sexo,
todos tus nacimientos
y la muerte que llevas escondida.
En tus ojos navegan niños, sombras,
relámpagos, mis ojos, el vacío.

(Probablemente sea la búsqueda del origen, lo que Octavio Paz encuentra en un desgarro y yo siento vibrar luminoso en algunas sospechas cotidianas, en los platos sin fregar, en libros viejos. Observo con terror que todo lo que me nombran, ya se lo nombraron antes a otros, y yo-sin-saberlo. En unos ojos, seducciones antiguas, declaraciones antiguas, buzones abiertos... Sigo campamento...)
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