lunes, 4 de marzo de 2013

Desde la humedad

Ahora es verano y me proveo de alquitranes y espinas y lápices iniciados

y las sentencias suben hacia las cánulas de mis oídos.

He salido de la habitación obstinada.

Puedo hallar leche en frutos abandonados y escuchar llanto en un hospital vacío.

La prosperidad de mi lengua se revela en cuanto fue olvidado durante mucho tiempo y sin embargo visitado por las aguas.

Éste es un año de cansancio. Verdaderamente es un año muy viejo.

Éste es el año de la necesidad.

Durante quinientas semanas he estado ausente de mis designios,

depositado en nódulos y silencioso hasta la maldición.

Mientras tanto la tortura ha pactado con las palabras.


Ahora un rostro sonríe y su sonrisa se deposita sobre mis labios,

y la advertencia de su música explica todas las pérdidas y me acompaña.

Habla de mí como una vibración de pájaros que hubiesen desaparecido y retornasen;

habla de mí con labios que todavía responden a la dulzura de unos párpados.

(De Antología poética, Alianza editorial -edición meticulosa, bella, artesanal-; el conjuro de Gamoneda, por fortuna, rescata cualquier posibilidad de flojera, cualquier -impredecible- reflejo quebrado de la espuela. Cabalgo en el polvo. Sigo sin caballo...)
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