lunes, 11 de marzo de 2013

Poesía es voluntad

Es cierto:
no es hilera de vocablos sentados cómodos sobre el intelecto;
no es sapiencia intimidante, ni sollozo de vida parcelada.
No apela a la inteligencia, ni busca seducir.
No es una idea.
Es un orden.
Si la tienes,
ni el más alto destino te salva.
A veces nos arrodillamos y rogamos que no venga.
Mas si la tienes, te mata,
o te hace más esclavo.
Es el punto negro antes de la ceguera,
el arte negro, la más negra de las artes.
La maciza lucidez del poema se paga, en vida,
con espinazo débil,
con demencia.
No se negocia con ella.
Se vive a pesar de ella.
La poesía créeme no es un don,
es voluntad.

(Alguien dijo como Beverly Pérez Rego que la mano del poeta es antorcha para ver y látigo para castigarse, una especie de mal bendito, un pozo inevitable de oro. Cierto que inmolarse en su lengua es voluntad y que la búsqueda del rincón inexplorado es voluntad y que dejar a un lado el aire es voluntad, elección de vida a pesar de la ceniza. Sigo soles dibujados...)
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