miércoles, 11 de septiembre de 2013

Algún vestigio de tu paso

Algún vestigio de tu paso

La dulzura de recordar el sol en la espiral del sueño
y el vano poder de haber ido tan lejos.

Es tan extraño perdurar, oír aún
la grave letanía de los huesos y el hechizo del mundo.

Déjame ver, déjame ver:
alguien me condujo hasta aquí y se oculta,

cubierto de grandes praderas, de climas,
refugios baldíos, luces que brillan

en el faro donde la tierra termina.
Salido de lugares inciertos, de trópicos y lluvias,

voraz como fuego, intruso,
la huella de sus dientes y sus besos en la manzana.

¿De quién es ese rostro desconocido entrevisto
donde se pierde? Es incierto y ansioso

extraviado en la fábula oscura de mi vida.
Adiós, sombra mía.

Foto: Joel Penner


(La marea de Enrique Molina, presente como una irritación bajo la lengua. Estuvo muchos meses en la ribera de Oyzún, pelando naranjas, y volvió tostado, flaco y con un fajo de páginas incalculable. Amemos a Enrique Molina. Sigo caracoles...)
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