miércoles, 23 de octubre de 2013

Diván en Nueva York

Tú en la tristeza de los urinarios, ante las cánulas de bronce
(amor, amor en las iglesias húmedas);
ah, sollozabas en las barberías (en los espejos, los agonizantes
estaban dentro de tus ojos):

así es el llanto.
Y aquellas madres amarillas en el hedor de la misericordia:
así es el llanto.
Ah de la obscenidad, ah del acero.

Vi las aguas coléricas, y sábanas, y, en los museos, junto a la dulzura, vi los imanes de la muerte.
Te desnudaron en marfil (ancianas, en los prostíbulos profundos) y te midieron en dolor, oscuro:
así es el llanto, así es el llanto.
Ten piedad de tus labios y de mi espíritu en los almacenes;
ten piedad del alcohol en los dormitorios iluminados.
Veo las delaciones, veo indicios: llagas azules en tu lengua,
números negros en tu corazón:

ah de los besos, ah de las penínsulas.

Así es el llanto;
así es el llanto y las serpientes están llorando en Nueva York.

Así es el llanto.
NY Rush Hour
(Como ya hicieron otros, el guardián de la nieve emplea sus párpados para filtrar las convenciones y observar la piel bajo la piel; desnudarse de sí, al desnudar la piedra, coloca las estrellas solas como un peso indescifrable sobre el cuello, muerte estelar y símbolo de vida. Sigo cordillera...)
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