lunes, 7 de octubre de 2013

Un habitante

Este hombre no tiene nada que hacer
sabe decir pocas palabras
lleva en sus ojos colinas
y siestas en la hierba
Va hacia algún lugar
con un paquete bajo el brazo
en busca de alguien que le diga"entre usted"
después de haber bebido el polvo
y el pito largo de los trenes
después de haber mirado en los periódicos
la lista de empleos
No desea más que donde descansar
uno-por-uno-sus-poros
Hay tanta soledad a bordo de un hombre
cuando palpa sus bolsillos
o cuenta los pollos asados en los escaparates
o en la calle los caballitos
que fabrica la lluvia feliz
Y dentro en la tibieza
las bocas sonríen a la medianoche
algunas se besan y atesoran deseos
otros mastican chicles y juegan con sus llaves
crecen los bosques de ídolos
y el cazador cobra su mejor pieza

(El catalejo lleno de óxido sale de la bolsa de Mario Rivero, que debe de ser guardián de musgos o anacoreta enloquecido. Algunas veces baja desde las cuevas con restos de gallinas en los bolsillos, cantando. Solo puedo escuchar sus ojos cuando pasan por mi puerta. Sigo a la sombra...)
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