jueves, 21 de noviembre de 2013

Elegía en vida

Intenta dibujar un león
y logra un perro,

cuando siente hambre cree
calmarla dibujando pasteles,

si dibuja una serpiente
le agrega patas,

al concentrarse
en un grano de mostaza, cabeza
de alfiler que crece en arbusto,
dibuja una higuera, lo estéril,
leño seco destinado al fuego.

De preguntársele por qué,
hallaría que son confesiones, desajustes
documentando sus fallas,
un orden visual
para simbolizarlas,

primero la imagen
de su débil fuerza en las ambiciones,
luego la de su vocación por lo ilusorio,
luego la de su placer de deformar,

y en conjunto la imagen
de su extravío, incapacidad
de ofrecer frutos legítimos,
tal un árbol que no los da
así haya estado siempre junto al agua.

Foto: Joan Vega
(De Alberto Girri y escrito en los muslos de la princesa Mew-hew-she-kaw, una noche dulce y masticable. Después de las confesiones propias de la oscuridad, se citaron para conmemorar cada año la noche de las tortugas muertas junto a los lakotas más serios. Y cada año Girri tatúa empapado de peyote. Y cada año nacen de la arena los bellos cadáveres, los mitos, las declaraciones de guerra. Sigo focos...)
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