martes, 10 de diciembre de 2013

Polvo para morder

I

A veces la palabra
como una copa rota donde morder el polvo
y otras veces un agua
de alumbrar.
Asomada a los cielos, la palabra,
es un tambor de polvo deshecho al primer golpe.
remando en el infierno, la palabra,
es un agua posible sobre un manto de cólera.

Entonces, la palabra,
¿polvo, para morder en la oscuridad?
¿Agua, para alumbrar este cuerpo callado?

II

Una lágrima sola para nombrarlo todo,
escasa es ella
digna de cuidado
Hay una
para la luz que queda, para el aire,
como la última bala contra todo el peligro,
una lágrima sola para toda la vida.

Como todo alimento y para respirar,
esa única bengala en medio de la noche.

Sin embargo este puño la aprieta con dulzura.
Va a hacerla polvo (dicen).
Va a hacerla polvo.

III

Bésale las piernas a la poesía
aunque diga que no que aquí nos pueden ver.
Bésale las palabras, hurga su lengua hasta
que abra los brazos y diga ¡Santo Dios!
o hasta que santodios abra los brazos de escándalo.
Bésale a la poesía a la loba
aunque diga que no que hay mucha gente que aquí
nos pueden ver. Bésale las piernas las palabras
hasta que no de más, hasta que pida más
hasta que cante.

IV

¿Y las palabras?
Funeral, silencio.
El cielo es una esponja que devora los pájaros.
¿Y las palabras?
Como arrumbadas ellas,
como escombros,
como montón o nada que decir,
como basura humeando.
¿Y las palabras?
Unas: como un altar de clavos.
Otras: como luto en las mangas.
Como rotas de amor y para siempre.
Una bestia emplumada mete su hocico, escarba,
pero ellas arrumbadas como huesos pelados o
nada que decir.
¿Quién arriesgará un ala?
¿Quién meterá su lengua sin temor a una herida?

(Ah, corsario, tus repentinas nostalgias te obligan a oxidar el filo de tu sable, te empujan, qué remedio, a desvincularte de raíces y fotografías. Entona Boccanera este salmo que te redime de audacias innecesarias. Ya viejo, simplemente canta el puerto; vencido, jubílate en la sombra de los helechos.  Sigo timones...)
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