viernes, 17 de enero de 2014

El riesgo de vivir

Para Oninza
Esta noche tiene una pierna de marfil que resuena
       por las escaleras
yendo y viniendo entre tu corazón y la página de
       un libro donde está la misma historia de siempre
Pero cuando las manecillas del sueño se juntan en
       tu rostro desollado por el amor
y empiezan a hincar sus agujas en la carne como el
       navío que un tifón arroja sobre la isla y deja
       escapar por los ojos de buey los secretos del viaje
comprendo que tus entrañas están hechas con las
       almendras del desvelo
esa construcción de fósforos eternos y mentiras
       entrelazadas que envejecen en la antesala de los
       instintos
cuyas esquinas ostentan fuentes de hierro enlozado
       con un mecanismo que cambia de color a cada
       hora
o cuando el matrimonio cose una larga fila de
       botones en la chaqueta del amor
Esta noche suaviza las cicatrices de la costumbre
       que duelen cuando la lluvia acomoda sus cajas
       de cigarros en los aparadores de la nostalgia
y se tiende para iluminar los rincones del
       conocimiento
poniendo al alcance del deseo los espejos mojados
       en lágrimas donde se ve el rostro en llamas de
       la poesía
una blasfemia arrastrada por el viento
el rostro caído en el mundo que sólo la mala fe
       puede confundir con la belleza del agua pura
la investigación del amor la cisterna donde flotan
       los rostros de la aventura acuciada por callados
       terrores
el sudor que el verano pone en la frente de los
        elegidos sin darles el consuelo de la
        irresponsabilidad

La carne podrida del compromiso con su linterna
        de minero en la frente
lanza entretanto sus bolas de marfil que ruedan
         entre las piernas de los fugitivos
pero tú existes de todos modos protegida por tu
         antigua artesanía de constructora de espejos
existes para que el viajero pueda narrar junto a
          la estufa las costumbres de su país
entre bocado y bocado de un extraño pan cuyas
          propiedades permanecen ocultas
en la mesa en que los camaradas de la muerte dan
          cuerda a los relojes y desconciertan todo
          entendimiento previo echando al mar el triste
          aparato de la consolación
Es entonces cuando la cabeza llena de vapor se
          pudre insensiblemente sobre el timón
y el navío vacila sin acabar de escorar pero
          irremediablemente herido
desnudo y pronto para la descomposición
Es entonces cuando todo surge de pronto en la
          borra del vino esa concentración de deseos
          irrealizables
junto a cualquier mujer cuya risa desgarra los
          vestidos del varón
en la noche de los hallazgos
mientras los verdaderos amantes conversan en sus
          cabañas protegidos del tedio por una pared
          construida mitad de despojos de navíos mitad
          de sentimientos piadosos
también conocidos por el frecuentador de las
          tabernas ocultas donde el peligro deja caer su
          vidrio molido en la copa de todos los que aceptan
          el riesgo de vivir
(Si un pájaro como Juan Antonio Vasco asume la procesión lentísima, aun sabiendo que al final sólo habrá piedra, ¿por qué no pegar los pasos a su brisa hamelinesca, por qué habríamos de ensordecer su estrategia? Nada evitará que el riesgo nos plante cara, no quedarán más que restos de nuestra tierna soledad intransferible, así que habla, Vasco. Sigo centinela...)
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