viernes, 10 de enero de 2014

Lo que se oyó desde un barril lleno de armas y cerveza

Discípulo del viejo John Silver, voy a bordo del Winnipeg, ese de 20 cañones de a ocho, junto a un amigo del vino y los otoños, del vuelo de las aves y del viejo Dylan Thomas y de los bravos bucaneros, peleadores en los muelles por ruinas o botellas. Prepara, como tú sabes, las amarras: llegaré pronto por tus playas para hacer con las nuestras ojos anaranjados en el día. En tus manos encomiendo mi alma para soñar con las gaviotas y ponernos en contacto con los fantasmas en el alba. Y esta vez, mi llegada no es el cuento del pirata. Prepárame posada y noticias de las almas. Poemas y mensajes a carbón de todos los sindicatos de la estrella, para guarecerme, como un oso, de la lluvia y de todos los brujos y los marinos en la aldea.
Quién será el capitán, de Pyle
(El último mensaje del almirante Teillier y su inseparable Juan Cristóbal, antes de corromper a sablazos la lluvia del océano. Una curiosidad como otras, pero aquí se siente mejor la sal de la playa y la dulzura de la muerte. Tal vez por el mantra, o porque es sincerísima la herida que propone, sigo cañones...)
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