lunes, 13 de enero de 2014

Me remonto a mayo del 37

Los veo, de pie, a las puertas rituales de su universidad,
veo a mi padre paseándose
bajo el arco de piedra arenisca, color almagre,
los azulejos rojos centelleando,
como torcidos platos de sangre detrás de su cabeza,
veo a mi madre con unos cuantos libros triviales a su lado,
de pie, donde la columna hecha de pequeños ladrillos,
con la puerta de hierro forjado todavía abierta detrás de ella,
sus puntas de espada negras en el aire de mayo;
están a punto de graduarse, a punto de casarse,
son chavales, son tontos, lo único que saben es
que son inocentes, nunca harán daño a nadie.
Quiero acercarme a ellos y decir ¡alto!
No lo hagáis, ella no es la mujer,
él no es el hombre que quieres, haréis cosas
que no podréis imaginar jamás que haríais,
haréis cosas malas a niños,
sufriréis de manera inconcebible,
querréis morir. Quiero
acercarme a ellos, allí, a la luz solar de un mayo tardío, y decírselo,
la cara de ella, deseosa, bonita y vacía volviéndose a mí,
su pobre cuerpo hermoso, no tocado,
pero no lo hago. Quiero vivir.
Fuente: Flickr

Los recojo como esas muñequitas de papel,
hombre y mujer, los empujo uno contra el otro
por las caderas, como astillas de pedernal, como para
encender una chispa de los dos, digo:
haced lo que vais a hacer, y yo lo contaré.

(Después de un buen baño en el río Delaware, Sharon Olds se recompone. Hubo un primer pecado, igual que hubo un primer pájaro que arrasó la noche. Tiempos casi olvidados que sin embargo van lamiendo nuestras huellas hasta llegar a nosotros. Recomponernos, para contarnos. Sigo puzzles...)
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