jueves, 6 de febrero de 2014

Casi prestidigitador

Desde lejos amortigua la luz, mueve las sillas
sin tocarlas. Se cansa. Se quita el sombrero y se abanica.
Después, muy lentamente, se saca tres naipes
del oído. Disuelve una estrella analgésica verde
en un vaso de agua, removiendo con una cucharilla de plata.
Se bebe el vaso y la cuchara. Se vuelve transparente.
En su pecho se ve un pescado de oro que flota.
Muy cansado, más tarde, se tiende en el sofá, y cierra los ojos.
"En la cabeza tengo un pájaro", dice. "No puedo sacarlo".
La sombra de dos grandes alas llena el cuarto.

(La sensación del grillete obsoleto en los labios de Yannis Ritsos, sus uñas repasando el humo y la dulzura, su cuerpo estirado en alguna sombra, convocando las riberas más frescas del Peloponeso, esperando a que el ojo distraído se acomode en algún ángulo del paisaje para morderlo. Sigo butacas...)
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