miércoles, 14 de mayo de 2014

Teólogo en la ventana

Este cerrado dolor de cabeza
causado por la presión del mundo visible
reclama un significado.
Pero la visión de la calle desde mi ventana
solo ofrece alternativas de una apariencia dislocada
hecha de fragmentos trémulos, colores dudosos
y un sufrimiento de cosa oscuramente mezclada consigo misma.
¿Qué materia desean los ojos y que no pueden ver?
No esta especie de traición a lo largo del pavimento,
la naturaleza criminal que revelan los automóviles,
el taciturno rumor de los objetos manufacturados,
la vacilante verdad de la muchedumbre hacia el ocaso,
los asuntos de esta terrible sociedad que se aplasta al planeta.
¿Cuál es la relación de esta escena con el otro orden?
La divinidad está aquí por delegación sombría.
Hay un millón de ventanas y cada una padece
su teólogo fracasado ante la única realidad posible
con su correspondiente dolor de cabeza al anochecer.
Vistazo de Ernst Ludwig Kirchner

(Un dolor que podría ser astenia o sueño perplejo, en algunas épocas parecidas a ésta de Giannuzzi los horarios se descomponen y descomponen nuestros precarios andamios. El dolor del calendario caído, el malestar de la agenda olvidada en un cajón, la incómoda sensación de la tarea pendiente, mirar por la ventana como en deuda con algo, sin saber a qué estamos faltando y sin comprender que nos faltamos, que todo el ajetreo y la eficacia es falta absoluta de color en los pasos. Sigo estuches...)
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