jueves, 2 de octubre de 2014

Antes que mueran

De noche podría contarte muchas cosas, muchas cosas que sólo es posible contar durante la noche.
Podría decirte, por ejemplo, que cierta vez cerré la ventana y sentí que algo permaneció encerrado dentro del cuarto. Abrí la ventana, pero no quiso salir; tal vez no pudo salir. La cerré; volví a abrirla de par en par. Fue inútil. Todo seguía igual. No quería salir. Se quedaba adentro, sin moverse.
Entonces -había transcurrido mucho tiempo- cerré la ventana, impacientemente, sin ninguna benevolencia, con esa crueldad transitoria e incomprensible, pero muy verdadera, que suele sobrevenir cuando nada nos vigila.
Y eso que encerré adentro se pasó toda la noche mirándome.
Fuente: Revista Literaria 1970
(Este accidente llamado Norah Lange ritualiza lo común, lo vuelve animal sin madriguera. A mí se me aparece con cargas de mar Atlántico, claro: sus diálogos son mis diálogos de miedo en el dormitorio, cuando espero a que vengan, aunque no vengan. Sigo fluorescente...)
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