miércoles, 23 de septiembre de 2015

Oda de sombra a los solitarios

La naturaleza duerme con vosotros en la cama siniestra de la soledad, cabrona de los genios.

Entristecidos y autoritarios, grandes como los sepulcros, oficiáis en las iglesias subterráneas del yo los ritos nocturnos, las fiestas profundas de la Egolatría, como trascendentales psicólogos monumentales de los sábados rojos y los campanarios de los legionarios populares…

Toda la grandeza de los tiempos aúlla con vosotros, solitarios, y la curva egregia del hombre.

Sobre las últimas cumbres de la existencia edificasteis la guarida negra —inmensa— regia casa de leones y allí os nacieron vuestros hijos de piedra y sangre y tierra terrible, a la sombra imperial del sol, bramando los triángulos fundamentales de los cánticos fenomenales de fenomenales.

Frente a frente a la sima trágica y los abismos catastróficos de la conciencia, estuvisteis cien millones de épocas, solitarios, con toda la eternidad degollada a la espalda del cerebro: ¡salud, oh! ¡Hermanos…!
El estudiante Charousek, de Hugo Steiner-Prag

(Es la manera de empezar de nuevo. Después de tanto tiempo, empezar de nuevo con Pablo de Rokha, como si hiciera ya tanto que hablase él por mí, o que yo lo leyese a él. Empezar sin adornos, ni pretensiones, ni ganas...)

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